Por Roberto Morales, Encargado Programa DD.HH. Fundación FIEL. Publicada en El Siglo

El actual contexto en el que se desarrolla el mundo del trabajo se caracteriza por estar en transformación, con una rapidez nunca vista en periodos anteriores. De acuerdo a la OIT, cuatro son las grandes tendencias a considerar para entender este fenómeno; los cambios tecnológicos, los procesos migratorios, los procesos demográficos y en el cambio climático.

Esas tendencias se entrelazan en más de una oportunidad y dan como resultado un profundo impacto en los modelos de producción y en las formas de abordar el trabajo para los próximos años. Generan cambios más allá del mundo del trabajo y algunos autores pronostican un verdadero cambio cultural en la sociedad, así como nuevas formas de relacionarse, cambios en los modelos de educación y formación para el trabajo, por nombrar algunos.

 

En esta transición desaparecen y/o cambian de manera importante formas de producir bienes y servicios, en donde los procesos de adaptación de las personas, empresas y Estado deben ser administrados en base a procesos de planificación que permitan adelantarlos o, al menos, asumirlos de una manera efectiva. Los antecedentes indican que los nuevos modelos de producción, en sectores hasta ahora no conocidos, producirán nuevos empleos y nuevas organizaciones (empresas); es también presumible pensar que la velocidad será menor a la destrucción de puestos de trabajo y al término de empresas.

 

La clave de estos procesos, que se encuentran en marcha -sobre los cuales hay más dudas que certezas- tiene relación en cómo se administra como sociedad. Los actores sociales laborales (trabajadores y empleadores), el Estado y la sociedad civil, tienen un rol fundamental. La gobernanza en este periodo, que se puede p llamar de transición hacia un nuevo estadio, será un factor determinante y el Diálogo Social debe ser un instrumento valioso y necesario.

 

La OIT señaló que es fundamental instalar en la sociedad lo que denominan “procesos de transición justa”, es decir, anticiparse a los cambios con acuerdos sociales y construcción de políticas públicas que ayuden a trabajadores y a las empresas a asimilar estos cambios y generar condiciones para adaptarse a los nuevos escenarios.

 

En el caso de las y los trabajadores, un aspecto esencial son las políticas de protección social, que les permita vivir los procesos de transición de manera adecuada y digna, asegurando ingresos, acceso a servicios sociales básicos. En ese sentido el diseño e implementación de políticas y acciones de carácter formativo en el ámbito laboral serán fundamentales.

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